50 años del hipertexto: más que palabras

Hipertexto

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Hace 50 años, el 24 de agosto de 1965, Ted Nelson presentó en una comunicación académica el término hipertexto. El hipertexto no es una invención, es un concepto. Algo mucho más poderoso que una invención. Cuando encuentra las condiciones adecuadas produce un Big-Bang de consecuencias incalculables.

Hoy nuestra comunicación es hipertextual. El mundo en red no se podría sostener sin haber desarrollado ese concepto. Ha penetrado de tal manera en nuestra cultura que se ha hecho invisible, es decir, que leemos, escribimos, buscamos información, sin darnos cuenta de que lo hacemos hipertextualmente.

La clave del hipertexto está en haber imaginado dentro de la cultura secular libresca la posibilidad de no coser hojas (libros) sino de hilvanar palabras (links).

 Necesitamos que el tiempo no sea líquido, un flujo, así que clavamos hitos que nos marquen con claridad cuando comienzan o terminan las cosas y los sucesos. Así que hace 50 años Ted Nelson habló por primera vez, en una comunicación académica, del término hipertexto.

 Además un hito puede marcar un territorio y, por tanto, pertenencia de aquello señalado a un país, una nación.  Los inventos, las ideas, los conceptos sufren también esta apropiación. El resultado es que los hitos sirven para trazar los renglones sobre los que se escribe la Historia.

El sueño hipertextual nace difusamente en el seno de la cultura libresca. En el siglo XVI Agostino Ramelli pensó en una noria en la que en cada cangilón se colocaba un libro, para que el lector, sentado tangencialmente a la rueda de libros, y con la ayuda de un ingenio de engranajes y palancas pasara de uno a otro sin moverse de la silla.

 En 1945, Vannevar Bush, describió en un artículo para la revista The Atlantic Monthly, una máquina, Memex, del tamaño de una mesa de escritorio, que permitía enlazar documentos microfilmados y saltar la lectura de uno a otro, igual que la memoria asocia recuerdos muy dispares por detalles que se relacionan.

 Y en 1965 Ted Nelson y su proyecto Xanadu acuña el término hipertexto para un concepto que se ha venido amasando en el interior de una cultura que conserva y transmite su información encapsulada en libros. ¿Habría otra forma de escribir y de leer? La literatura también se lo había planteado y lo había ensayado, como hizo en 1963 el autor de Rayuela.

El concepto de hipertexto por sugerente y potente que sea tiene que esperar circunstancias favorables para que prenda. En la década de 1990 se produce su Big Bang y la incipiente red mundial se ilumina con la Web. A partir de entonces un proceso inflacionario, expansivo, se extiende por el planeta y penetra por todos los intersticios de la sociedad.

 Académicos y creadores exploran las posibilidades del hipertexto y sus consecuencias culturales. Pero el efecto cultural más profundo de este Big Bang es que comenzamos sin apenas darnos cuenta a escribir, leer, acceder a la información (navegar) de modo hipertextual.

 Adquirimos unas habilidades de lectura nuevas; empezamos a exigir que la información nos llegue de otra forma dosificada, así que los formatos existentes y que hasta el momento funcionaban comienzan a fallar; el discurso establecido se rompe; nos sentimos encerrados en un texto si no es encrucijada de otros caminos posibles de lectura...

 Usamos el hipertexto, pero no percibimos sin embargo su geometría. En el hipertexto el texto tiene tres dimensiones. Acostumbrados a que repose sobre una superficie, como la de la página, pensamos que el hipertexto es solo una ilimitada dilatación de lo que puede contener una hoja. No es así, de igual modo que si pliego la hoja consigo las tres dimensiones de una papirola, si pliego el texto obtengo las tres dimensiones del hipertexto.

 El hipertexto es un texto plegado. La escritura hipertextual es una labor de “papiroflexia”. Conseguimos escribir y leer en un espacio de tres dimensiones.

 Las consecuencias del hipertexto trascienden el texto y afectan a toda la comunicación.

 Pero el origen está en haber planteado desde el interior de la cultura escrita la posibilidad de en vez de coser hojas (libro) hilvanar palabras (links).  Cuando los medios tecnológicos lo hicieron posible el concepto estalló en una reacción en cadena que aún no ha concluido.

Hablamos ya de cultura digital. Pues bien, no se podría entender este fenómeno de emergencia, de profundo cambio, sin un concepto que nace como sueño de unos lectores que buscaban el libro infinito, el libro de arena. Y se consiguió cuando esos granos de arena fueron ceros y unos.

 

Antonio Rodríguez de las Heras

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