Los consumidores soportan lo que las empresas se ahorran en electricidad

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Los consumidores domésticos de electricidad en España pagan la luz muy cara. Así lo muestran las estadísticas de Eurostat. Sólo los hogares de Irlanda y Malta pagan precios más altos. Las grandes compañías consumidoras de electricidad, sin embargo, lo tienen mejor. Los precios que pagan por la energía que consumen se acercan más a la media europea. Es una situación que ha llevado a las organizaciones de consumidores a denunciar, de forma reiterada, que los usuarios de a pie están pagando subvenciones disimuladas a la gran industria.

 

¿Quién paga la diferencia?

Una de las herramientas que permite a las grandes industrias abaratar la factura que pagan por la electricidad se llama interrumpibilidad. Pagan menos en la factura porque aceptan la posibilidad de que el gestor del sistema eléctrico, Red Eléctrica de España (REE), interrumpa el suministro de energía a las instalaciones industriales en caso de necesidad. La cuestión está –y de ahí las críticas- en que pocos recuerdan la última vez –hace una década- que las industrias tuvieron que desconectarse de la red.

La interrumpibilidad supone una factura para el conjunto del sistema eléctrico de unos 500 millones anuales. El Ministerio de Industria modificó en 2014 el sistema para reducir la factura a unos 300 millones, pero la presión de grandes industrias como Alcoa, que amenazó con despidos en sus factorías de Asturias y de Galicia obligó a mantener la cifra de pagos por interrumpibilidad en esos 500 millones.

El problema es que el sistema de pagos mediante subastas es anual. Ahora vuelve a tocar y Alcoa ha puesto otra vez sobre la mesa la delicada situación que atraviesa para intentar mantener lo que las organizaciones de consumidores consideran subvenciones encubiertas. Nada nuevo, pero todo poco tranquilizador para el bolsillo de la mayoría.