La Cumbre del Clima: última oportunidad para combatir el el calentamiento global

Los años no han pasado en vano, sostiene Cristina Narbona, exministra socialista de Medio Ambiente. Narbona considera que, desde la Cumbre de Kioto de 1997 hasta ahora, el contexto en el que se debate sobre un acuerdo internacional ha cambiado por completo. La evidencia científica del calentamiento está mucho más consolidada y la percepción de la opinión pública y de los líderes políticos es absolutamente distinta. Hoy en día todos son conscientes de que el cambio climático no es una invención de los ecologistas. Hace dieciocho años se hablaba en futuro sobre el problema, ahora ya está sucediendo. Los efectos del calentamiento global están siendo mucho más visibles cada año. En este último ejercicio se han batido récords de temperaturas en distintas partes del mundo.

Una de las grandes diferencias entre la Cumbre de 1997, de la que salió el Protocolo de Kioto, y la próxima en Paris es el número de países implicados en los compromisos y las medidas a llevar a cabo. Si bien los países en vías de desarrollo formaron parte de la Cumbre en Kioto, grandes economías emergentes -caso de China o de Brasil- no adquirieron obligaciones en el tratado. Fueron únicamente los países industrializados los que firmaron las condiciones allí establecidas y solo la Unión Europea ha cumplido con las obligaciones. En este sentido, Tatiana Nuño de Greenpeace cree que “en Kioto hubo una falta de voluntad política absoluta”.

Acuerdo universal

Es precisamente el carácter de acuerdo universal lo que va a definir la cumbre de París. Todos y cada uno de los países del mundo deben adquirir nuevos compromisos. Y no solo les toca decir lo que van a hacer, sino también cómo lo van a hacer. Cristina Narbona considera que habrá un antes y un después en la lucha contra el cambio climático, aunque esto no significa que el acuerdo al que se llegue sea suficiente. De hecho, Mar Asunción de WWF coincide en que de París no saldrá el compromiso que se necesita para combatir los peores efectos, pero espera que siente las bases para ir aumentando las medidas. Desde Greenpeace afirman que París no se puede quedar en una declaración de intenciones y que hay que pedir resultados a corto plazo. Los cambios en el discurso y en las posturas de los líderes políticos son claros. Los dos casos más llamativos son los de Estados Unidos y China. Mar Asunciónexplica que Estados Unidos ha intentado tradicionalmente bloquear todos los acuerdos de las cumbres, pero que la Administración Obama ha dado un giro en la actitud y ha dejado de ser un obstáculo. Tanto la exministra Narbona, como Nuño de Greenpeace están de acuerdo en que el presidente de los Estados Unidos está haciendo una gran labor para concienciar a los ciudadanos. Ocurre lo mismo con el caso de China. El gigante asiático se ha comprometido a reducir la intensidad de las emisiones de CO2 en un 60-65% para 2030, frente a niveles de 2005.

Los gobiernos estatales no han sido los únicos en darse cuenta de la necesidad de actuar. Aparecen nuevos actores en el panorama, como los Ayuntamientos, que adquieren sus propios compromisos para reducir las emisiones. Y fuera de la política, los líderes religiosos también han decidido tomar cartas en el asunto. Un ejemplo ha sido el del Papa Francisco y su encíclica sobre el clima. El caso de las empresas es complicado. Greenpeace explica que las grandes compañías tienen claro que hay que llevar a cabo un acuerdo serio, pero siguen invirtiendo en energías obsoletas y se quedan en declaraciones de intenciones. Para la exministra Narbona, ha llegado el momento de que también las empresas asuman un compromiso firme, cosa que no ocurrió en Kioto.